Un ejemplo de estas actividades intolerables es el incluir a la entrada de una página un mensaje que solicite al usuario pinchar en el banner con el fin de mantener la página misma en activo. En esencia, se trata de obligar al usuario a consumir la publicidad si quiere hacer uso de la página en la que inicialmente se ha introducido.
El respeto como base del mercado publicitario
Para empezar, siendo lo más importante, esta actividad es una falta de respeto completa hacia el usuario. Las personas no deberían verse forzadas a consumir publicidad en un mundo en el que se valora la libertad de pensamiento. La publicidad debe atraer y convencer al potencial cliente a consumir su producto, pero respetando siempre su voluntad y su inteligencia.
Este tipo de conductas incurren igualmente en una falta de respeto al mismo anunciante, quien se supone apoya al soporte donde ha introducido su publicidad. Este anunciante busca conseguir clientes por el propio valor del producto o servicio que ofrece a través de su anuncio, y no porque ese usuario se haya visto forzado a consumir esa publicidad. De alguna manera, con este tipo de avisos, el soporte convierte al anunciante en una especie de tirano sin cuyo apoyo la página web desaparecerá, lo cual perjudica además la imagen del anunciante.
Por lo tanto, este tipo de actividad va en contra de todo por lo que aboga Coguan: transparencia (es un engaño), calidad (empeora los productos y servicios) y control (comportamiento poco ético).
Consecuencias para el negocio
Tiene además una serie de consecuencias negativas que pueden afectar directamente tanto al soporte como al anunciante. En primer lugar, el propio usuario se puede sentir ofendido al ver ese aviso hasta el punto de abandonar la página, y por tanto al anunciante. Ambas empresas quedarán en ese momento perjudicadas en su imagen y prestigio, una por el aviso, la otra por asociación a la primera. El anunciante puede quedar incluso doblemente perjudicado, al quedar en mal lugar con ese usuario y con otros potenciales clientes que verán esto como un intento de engaño. Además, aún en el caso de que pueda funcionar este tipo de avisos, el anunciante perderá fuerza en su mensaje, captando a menos clientes y fidelizando aún menos, al haber sido el usuario forzado a entrar, en lugar de haberlo hecho por su propia voluntad.
En cualquier caso, no es ético obligar a un usuario, lector, espectador, oyente, etc., a consumir un producto publicitario. Y lo es aún menos en Internet, un medio basado en la interacción, como condición para consumir el producto aportado por el soporte.
