Muchas veces se pierde la perspectiva con la publicidad, se la demoniza o se pone en solfa su eficacia. Pero la pura realidad es que, cuando se hace bien, la publicidad es una forma sofisticada de comunicación que pone de relieve las cualidades de tu producto.
Cuenta la leyenda que Orson Welles, el famoso cineasta que creó esa maravilla llamada Ciudadano Kane, respondió de una forma lapidaria cuando uno de los productores de sus películas puso en entredicho que se destinara tanto capital a la promoción de un filme. Su frase fue ésta: “Si sólo tuviera un dólar para hacer una película, invertiría 99 céntimos en publicidad”. Inapelable. El señor Weles sabía mejor que nadie que, si no vendes bien tu trabajo, si no lo promocionas, éste no existe y su éxito puede ser bastante inferior a la calidad que contiene.
Un ejemplo de una buena campaña de marketing
Esta teoría vale también para formularla a la inversa. ¿Qué aficionado al fútbol considera a David Becham entre los diez mejores jugadores del planeta? Está claro que el jugador inglés es un interior derecho con recursos, y posee un estupendo tiro en los libres directos, pero estas cualidades no le convierten en uno de los futbolistas más sobresalientes del panorama mundial. Sin embargo, es el jugador mejor pagado del planeta, con una ficha cercana a los 50 millones de dólares por temporada. A estas alturas todo el mundo reconoce en él una marca: guapo, simpático, luchador…Asiduo en la prensa rosa por las noticias con su mujer Victoria o por sus devaneos extraconyugales. Todo vale para engrasar esa máquina de hacer dinero.
Parece claro pues que el ex capitán de la selección inglesa ha sabido posicionarse en el mercado (del fútbol, en esta caso), crear una imagen de marca y ganarse una consideración enorme, por encima de su rendimiento como profesional. Su caso ilustra como pocos la eficacia que puede alcanzar una buena campaña de marketing. Sin embargo, las estadísticas juegan contra esta disciplina en tiempos de crisis.
La publicidad en tiempos de crisis
Por ejemplo, los indices laborales en Dinamarca indican que en los últimos tiempos el 10% de los publicistas de aquel país han pasado a engrosar las listas del paro. Lo mismo ha sucedido con un amplio número de freelance que trabajan en Estocolmo, que se han quedado sin trabajo de un día para otro. Las cosas tampoco funcionan bien para el gremio publicitario. Así pues, nos hemos instalado en un escenario económico internacional de recortes generalizados, que afectan especialmente al ámbito publicitario. En un ambiente de recesión e incertidumbre como el actual, la primera decisión está siendo prescindir de gastos en promoción.
Una decisión que responde a una lógica simplista: la publicidad no es parte esencial de mi producto. Algo que es cierto como tal pero que ignora que vivimos en un mundo interconectado, donde necesitas posicionarte, comunicarte, establecer lazos y seducir al otro respecto a tus cualidades. De otro modo, estás destinado a desaparecer a medio plazo. Recortar en gastos publicitarios, en suma, es una medida conservadora. A corto plazo, te salva. Pero es una medida de corto alcance; pan para hoy y hambre para mañana, porque si aíslas a tu empresa, ésta no tiene vías de progreso a medio plazo.
En este entorno de declive económico y desconfianza, la publicidad online proporciona mejores resultados y es más fácil de medir a la hora de evaluar los resultados de la inversión.
Pingback: » Coguan apoya a las pymes » Blog corporativo de Coguan